Con casi un 27% de paro, España es un coladero de cerebros. Jóvenes preparados, con carreras, masters, idiomas, en ocasiones experiencia, y siempre con muchas ganas de trabajar, huyen cada día de nuestro país con vistas a un mundo mejor. España se deshace del potencial en el que tanto tiempo y dinero ha invertido y las potencias mundiales se frotan las manos a la vista de esta cantera, educada, con intención de prosperar y sobre todo, gratis.

Uno de los destinos que ha visto aumentar el número de españoles de manera sensible en sus calles es Alemania. El país germano, con fama de pagar justamente según currículum y habilidades, acoge en efecto a nuestros jóvenes con los brazos abiertos, pero estos no siempre encuentran lo que buscan. Las empresas alemanas esperan sin ningún tipo de prejuicio mano de obra capacitada, pero el idioma se alza en ocasiones como una barrera infranqueable. El que no domina el alemán, se puede despedir de trabajar en el sector servicios o en un puesto remunerado de acuerdo con su cualificación.

La agencia de viajes de idiomas Sprachcaffe, que recibe a estudiantes de todo el mundo en su sede de Frankfurt, y que también cuenta con otra escuela de alemán en Düsseldorf, confirma que el interés de los españoles por aprender el idioma es cada vez mayor. El alemán no es un idioma fácil; se necesita un curso intensivo de por lo menos un año para conseguir el nivel que nos permita trabajar, por lo que son muchos los padres los que se deciden a mandar a sus hijos a Alemania en verano, en vez de a los otrora populares campamentos de inglés. Incluso en muchos colegios de nuestro país, se ha introducido el alemán junto al inglés como lengua extranjera, y los niños empiezan a declinar a edades cada vez más tempranas.

Los cursos de alemán desbordan de estudiantes en el país germano y muchas veces se encuentra uno en una situación irreal: le dicen que no hay lugar y lo ponen en una lista de espera.

La importancia de los idiomas es definitivamente fundamental, pero muchos nos preguntamos si debemos educar a nuestros hijos de cara a un futuro en el extranjero, o por el contrario, debería ser posible ofrecerles una oportunidad en nuestro propio país. Por si las moscas, y para que no nos vuelva a pasar, seguimos ofreciéndoles lo mejor, y dejamos todas las puertas abiertas.

Autor: Guillermo Klimt